Santa Gema Galgani. Mística estigmatizada que luchó contra el demonio

San Martin, Jueves, 11 de Abril de 2019 | 08:15

Santa Gema Galgani fue una joven mística italiana que se destacó por su pureza angélical, su simplicidad infantil, su candor e inocencia, virtudes que sin duda ayudan a explicar el privilegio y las gracias especiales que ella recibió del Cielo. Santa Gema ha sido llamada la "Hija de la Pasión" debido a su profunda imitación de la Pasión de Cristo. Disfrutó de la gracia de las constantes visiones de su ángel de la guarda. Sus 25 años de vida estuvieron marcados en su mayoría por fenómenos místicos ante los cuales hubo disparidades, incomprensiones y numerosos desprecios.

Fiesta: 11 de abril

Martirologio romano: En Luca, en Italia, santa Gema Galgani, virgen, la cual, insigne por la contemplación de la Pasión y por los dolores soportados con paciencia, a la edad de veinte años consumó su angélica vida el día de Sábado Santo (1905).

Biografía de Santa Gema Galgani

Santa Gema Galgani nació en Borgonuovo de Capannori, Italia el 12 marzo de 1878. Era la cuarta de ocho hermanos y la primera niña que alegraba el hogar. Su madre no quería bautizarla con el nombre de Gemma, que fue sugerido por un tío de la pequeña, porque en el martirologio no existían ascendentes de ninguna mujer canonizada que se hubiera llamado así. El párroco Olivio Dinelli con inspirado juicio alegó:

"Muchas gemas hay en el cielo; esperemos que también ella sea un día otra Gema del paraíso".

Su primera Catequista: su mamá

Cuando tenía un mes de vida la familia se trasladó a Lucca, donde Santa Gema pasó el resto de su existencia. A los 4 años oraba tiernamente a María, amor que le inculcó Aurelia, su madre, junto a la devoción por Jesús crucificado:

"De lo primero que me acuerdo es que mi mamá, cuando yo era pequeñita, acostumbraba a tomarme a menudo en brazos y, llorando... me enseñaba un crucifijo y me decía que había muerto en la Cruz por los hombres".

La catequesis materna dio sus frutos sembrando en el corazón de Gemma una pasión desbordante por Cristo:

"Jesús; yo quiero llegar con mi voz hasta los últimos confines del universo para alcanzar a todos los pecadores y gritarles que entren todos dentro de tu Corazón".

Intuyendo Aurelia su inminente muerte, quiso que preparasen a la niña para la confirmación. Y mientras la recibía entendió que Jesús le pedía el sacrificio de verse privada de su madre.

Aurelia murió el 17 de septiembre de 1885 a los 39 años. Santa Gemma tenía 7 y se refugió en la Virgen:

"Al perder a mi madre terrena me entregué a la Madre del cielo. Postrada ante su imagen, le dije: ‘¡María!, ya no tengo madre en la tierra; se tú desde el cielo mi Madre".

Por fortuna, tuvo la certeza de que Ella le amparaba porque su personal calvario no había hecho más que empezar.

A los 9 años inició sus estudios en el colegio de Santa Zita fundado por la beata Elena Guerra. Por esa época, al conocer la Pasión de Cristo sintió un dolor que le desgarraba por dentro acompañado de fiebre alta.

El 17 de junio de 1887, festividad del Sagrado Corazón, determinó ser religiosa, sentimiento unido a un ardiente anhelo de padecer y de ayudar a Jesús a sobrellevar la cruz. Se cumpliría con creces este deseo.

Santidad fortalecida por las calamidades

En 1894 pereció Gino, el primogénito de la familia, al que ella amaba de forma singular. En 1896 fue intervenida de una lesión en el pie, que se efectuó sin anestesia, debiendo soportar inmenso dolor, y el 25 de diciembre de ese año privadamente consagró a Dios su castidad.

En 1897 falleció su padre Enrico, que había sido farmacéutico, y con su deceso llegó un periodo de sinsabores al hogar de los Galgani. Perdieron todo y los hermanos se separaron.

Santa Gema fue entonces acogida por unos tíos y pasó por un breve y convulso periodo. Relegó las prácticas religiosas y las reemplazó por diversiones. Pero el sufrimiento la perseguía.

La enfermedad y la prueba

A la edad de 20 años, a Santa Gema se le presentó una osteítis en las vértebras lumbares que la dejó imposibilitada para caminar. Los dolores en la cabeza eran insoportables, la enfermedad avanzaba y los médicos la desahuciaron. Aunque se había propuesto llevar la cruz, no ocultó su contrariedad:

"Le dije a Jesús que no rezaría más si no me curaba. Y le pregunté qué pretendía teniéndome así. El ángel de la guarda me respondió: "Si Jesús te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez más en el espíritu"

Sanó con la mediación de santa Margarita María Alacoque. La cortejaron dos caballeros que se prendaron de su belleza, pero no tuvieron nada que hacer. Dios era su único dueño. En los círculos del vecindario la conocían como la jovencita de la gracia.

Dios le concede los estigmas

El año 1899 fue crucial. El 8 de junio se le manifestaron por vez primera los estigmas de la Pasión. Serían ostensibles en numerosas ocasiones cuando oraba, momento en que sudaba sangre.

Meses más tarde, en el transcurso de una misión, conoció a los padres pasionistas. Entonces sintió que Cristo le decía:

"¡Tu serás una hija predilecta de mi Corazón!"

Los Padres pasionistas la condujeron a la familia Gianni, cuya ayuda fue decisiva para afrontar lo que iba a sobrevenirle. Había caído en sus manos la vida de san Gabriel de la Dolorosa, escrita por el P. Germán de San Estanislao, C.P., que sería su director espiritual, y a partir de entonces su vida dio un giro radical.

Su vida mística sorprende a los científicos

Las visiones, éxtasis y vaticinios comenzaron a revelarse en Santa Gema mientras su salud empeoraba. Su virtud traspasaba la morada y los hechos inexplicables formaban parte de su día a día. Los estigmas invariablemente se le reproducían del jueves al viernes.

Para que no viesen sus llagas usaba guantes negros y se ataviaba con un discreto vestido del mismo color. Aún así, no pudo evitar que estos favores saltaran a la calle.

Y la misma gente que antes la admiró, se burlaba de ella y la tildaban de histérica y farsante. También el obispo Mons. Volpi, que fue su confesor, tuvo sus dudas.

Paralelamente, los científicos no hallaban explicación a los hechos que le acontecían. El Padre Germán la sostuvo espiritualmente ante la exigencia de pruebas y el arrecio de las dificultades.

Santa Gema sobrellevaba su dolor en silencio. Por su mediación, se obraban grandes conversiones.

Santa Gema y el demonio

Con todo, en su trayectoria espiritual hubo muchas incursiones violentas del demonio, quien se le aparecía frecuentemente a Santa Gema. Dios le daba permiso para tentarla, para que así pudiera conseguir más méritos en su camino hacia Dios.

El demonio la solía atormentan con toda clase de tentaciones y de apariciones, muy crueles en muchos casos, haciéndola sufrir de todos los modos posibles

En sus últimos días, el demonio intensificó sus tentaciones sufriendo muchísimo, pero todo lo ofrecía por la salvación de los pecadores, por quienes se había ofrecido como víctima.

En 1901 su director le indicó que redactase su biografía:

"El cuaderno de mis pecados".

Santa Gema y su ángel de la guarda

Para Santa Gema su ángel guardián era como un segundo Jesús, por así decirlo. Ella le hizo conocer a él sus propios deseos y los de los demás. En sus sufrimientos ella lo quería siempre a su lado.

Santa Gema le encomendaba a su Ángel de la Guardia presentar varios asuntos ante el trono de Dios, ante la Madre Divina y sus santos patronos, dándole cartas cerradas y selladas con una petición para traerle las respuestas puntualmente. Esas cartas, de hecho, desaparecieron.

El Padre confesor de Santa Gema, el Obispo de Lucca, Monseñor Volpi, escribe, que Santa Gema mantuvo a su mensajero celestial continuamente en movimiento, y él con mucho gusto la favoreció.

Monseñor volpi revela:

Incluso sin ser llamado, el Ángel de la Guarda se apresuraba a asistir a Santa Gema en cada necesidad y peligro. Detenía el poder y las artimañas maliciosas del demonio, quien siempre estaba tan vigilante en sus esfuerzos por hacerle daño.}

Una vez, cuando Santa Gema estaba a la mesa con su familia, uno de los presentes no vaciló en blasfemar el Santo Nombre de Dios. Al oír esto, se desmayó horrorizada y, cayendo, habría golpeado su cabeza contra el suelo si su ángel no se hubiera apresurado a ayudarla. Él tomó su mano, la apoyó, y con una sola palabra la restauró.

La misión más importante del ángel guardián de Santa Gema estaba en lo que se refería a su progreso espiritual. Mientras él le servía como su vigilante protector, por otro lado, ella encontraba en él un maestro perfecto de la perfección cristiana.

El santo guardián sabía mostrar severidad cuando era necesario. Un día me dijo esto con las siguientes palabras: "Mi ángel es un poco severo, pero me alegro por ello. Durante los últimos días me llamó a ordenar tres o cuatro veces al día".

Viendo la gran caridad prodigada sobre ella, Santa Gema amó inmensamente a su ángel, y su nombre estaba siempre en sus labios así como en su corazón. Al respecto, ella decía: "Querido Angel: ¡Te amo tanto!"

La muerte de Santa Gema Galgani

Instada por Cristo a fundar un monasterio para los pasionistas en Lucca, en 1901 Santa Gema enfermó gravemente. En el último periodo de su vida la oscuridad y la angustia por sus pecados le pesaron como una losa.

Santa Gema murió el Sábado Santo, 11 de abril de 1903, en medio de espantosos dolores que ofreció con carácter expiatorio. Ese año Pío X autorizó la erección del monasterio.

Pío XI la beatificó el 14 de mayo de 1933 para que luego, el Papa Pío XII la canonizara el 2 de mayo de 1940.

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