Historia de un sacerdote argentino que misiona hace 20 años en África

San Martin, Lunes, 5 de Diciembre de 2016 | 08:43

Abuja (Nigeria) (AICA): El padre Jorge Crisafulli, sacerdote salesiano argentino que lleva 20 años misionando en África, contó a la Agencia de Noticias Salesianas (ANS) sobre su experiencia en Abuja, Nigeria, y un encuentro de servicio que vivió con la comunidad.

El padre Jorge Crisafulli, misionero salesiano argentino que lleva 20 años en África, contó a la Agencia de Noticias Salesianas (ANS) una experiencia sobre su servicio misionero. 

“La historia ocurrió en un mercado en Nigeria, en plena calle y a unas manzanas de donde tenemos los salesianos nuestra comunidad en Abuja, la capital del país. Nigeria es el gigante de África, un país rico en recursos naturales y humanos, con 180 millones de habitantes y productor de petróleo, pero lamentablemente muy pobremente administrado en las últimas décadas”, comentó el sacerdote. 

“Llegué a la ciudad para hacer una visita a mis hermanos misioneros y me dijeron que tenía que ir al mercado al aire libre a confesar y celebrar misa. Obviamente, mostré sorpresa y hasta un poco de incredulidad porque hay que conocer y entender cómo funciona un mercado abierto en África, con miles de personas recorriendo pequeños puestos que venden de todo, desde pescado fresco hasta celulares…”, explicó. 

Y continuó: “En el mercado, me trajeron una silla y, bajo un intenso y caliente sol tropical, me pidieron que me ponga a confesar en medio de la excitación colectiva. ‘¿Qué hago yo aquí con mi sotana blanca y mi estola, sentado en medio del bullicio, con cientos de personas moviéndose alrededor, vendiendo y comprando?’, me preguntaba”. 

Luego, el sacerdote relató: “Para mi sorpresa, se acercó una persona y me dijo: ‘Padre, ¿me confiesa?’. Le pregunté si era católico y él me contestó que sí, pero que hacía 22 años que no se confesaba. Y ahí siguió una hermosa confesión y absolución. Y luego, la misa”. 

“Mil colores, mil ruidos, mil olores, mil rostros, mil sonidos dieron a esta misa el sabor más especial que a cualquier otra misa celebrada en mi vida. Me venía a la mente la invitación del papa Francisco: ‘Hay que salir fuera, hay que llevar la Iglesia a las calles, hay que armar lío, no hay que tener miedo, hay que seguir las inspiraciones del Espíritu, hay que patear para adelante’”, expresó el salesiano. 

“La gente está sedienta de misericordia de Dios, de la alegría del Evangelio, pero si nadie habla, si nadie predica, si nadie se anima a salir, a jugarse la vida, a servir… ¿cómo van a experimentar los hombres esa mirada misericordiosa de Dios?”, concluyó el misionero

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